CENA DE NOCHEBUENA
Cenamos como lo hacemos todas las noches, los tres, contando a Pipo, mi perro. Estuvimos recordando otras noches como esta, llenas de líos familiares, todos líos tontos, sobre la hora en que quería cenar el pelma de mi cuñado, sobre si el vino estaba a buena temperatura, sobre que quizá era mejor enfriarlo un poco, sobre cuánto tardaba mi otro cuñado, que se habrá entretenido con la gente de la oficina -según mi cuñada- y mi suegra al fondo refunfuñando sobre que se le iba a pasar lo que estaba cocinando y otras cosas así.
El tiempo ha ido borrando personajes de esas cenas y ya solo son recuerdos muchos de ellos y, aunque a nosotros tres -incluyo a Pipo- nos gusta la tranquilidad, se echan de menos aquellos tiempos. La verdad es que no nos gusta eso de la diversión o los atracones a fecha fija. Nos salen mejor las reuniones, incluso las familiares, a propósito de cualquier cosa, o incluso sin propósito definido.
Así que anoche hicimos una cena sobria, como las que hacemos todos los días. Sólo hubo de extraordinario un poco de turrón y una copa. ¡Ah! y una hermosa galleta para Pipo.
Pues eso.
P.D. La fotografía no viene a cuento pero me gusta.
