ESTOY DE VIAJE
Mientras que la TV asusta a todo el mundo con nevadas fuera de tiempo, vientos cortantes y aluviones acuáticos que destrozan vidas y haciendas yo estoy de viaje por Murcia, camino de Almería, hace buen tiempo, el cielo está azul, como los ojos de mi mujer, y brillante, como su pelo. La temperatura por aquí ha llegado a los 20º.
Hoy he comido en un restaurante, junto a un ventanal desde el que se domina una playa con un mar tranquilo y unas cuantas personas que van y vienen.
Primero no hay nadie a la vista en la playa, tampoco en la playa, son las dos de la tarde y soy el único cliente del restaurante. Eso siempre me da mala espina. Afortunadamente poco a poco llegan algunos otros clientes. Un solitario como yo y dos parejas (para mí la pareja es siempre un hombre y una mujer, anticuado que es uno). También hay dos mesas con dos hombres cada una (parejas también, puede, pero no para mi forma de pensar).
Una pareja la forman una gorda vestida de rojo (además) y su ligue. Sé que son un ligue porque han pedido de aperitivo ostras. ¡Ostras! Ostras en Murcia. Definitivamente son un ligue.
La otra pareja es un matrimonio con su bebé. Un bebé como de seis meses (podeis creerme, tengo experiencia) gordito y un poquito cabezón. El papá tiene el pelo blanco a pesar de no llegar a los cuarenta años (tampoco está muy lejos), la mamá, un poco más joven lleva un traje de chaqueta de pana, color verde. Mientras el papá examina la carta la mamá está empeñada en dejar sordo al bebé dándole besos sonoros en la oreja derecha. Parecen estar de vacaciones.
La playa se puebla de pronto. Aparece una gaviota y un hombre de pelo blanco (es verdad, también éste lo tiene de ese color) no es tan joven como el papá del bebé pero es más joven que yo. Aún así llega acompañado de dos inquietos niños que corretean por la arena y hacen agujeros en ella. El hombre parece que les propone otro juego pues saca una pelota.
La gorda de rojo está roja, está comiendo, a carrillos completos, algo contundente por color y tamaño que no alcanzo a ver con claridad. Lanza risitas nerviosas mientras bebe vino tinto. No veo a su ligue, parece bajito y me da la espalda.
El bebé lloriquea y la mamá se levanta con él en brazos, le tortura la otra oreja y se da un paseo entre las mesas vacías. El papá le encarga algo al camarero. Parece que lo que encarga es lo que él ha decidido, ella no me parece que haya participado en la elección.
Qué les pasa a las mujeres que cuando tienen un niño se olvidan de todo lo demás. No me extraña que él se haya estudiado la carta y haya pedido sin consultarla. O la conoce bien, o no le importa lo que ella piensa y a ella no le importa lo que él haga, o ella está a dieta.
De pronto la playa tiembla. Aparece una rubia potente, piernas al aire, vestida con pantalón corto (me resisto a usar la palabra inglesa, short) y un top (no tengo palabra española). Pelea con una toalla y el viento. Consigue sentarse a tomar el sol, echa la cabeza hacia atrás en gesto inequívoco de ello, extiende las piernas y deja que el viento le alborote el pelo rubio. Parece nórdica (mis genes antiguos así me lo indican, se acuerdan de la Costa Brava y Torremolinos, años sesenta y tantos).
El camarero me trae un café y un whisky con dos piedras como le he pedido. El café está bueno, el whisky también. Buen colofón para una comida agradable y entretenida.
Aparece en escena, en la playa, un individuo en chandal negro y rojo, moreno de pelo, no muy alto, tiene pinta de ser de la zona. Se acerca a la rubia y se agacha junto a ella. La acaricia una pierna y ella se yergue con aire molesto. A juzgar por sus ademanes ella está muy enfadada. Él trata de cogerle las manos pero ella las agita como molino de viento enfrentado a un vendaval. Él junta las manos en plan de ruego lo que parece que ella recibe con gestos aún más violentos.
La gorda de las ostras atraviesa el comedor como galeón empujado por galerna, da bandazos y trata de mantenerse en línea recta pero tropieza con varias sillas. Sin duda va al lavabo.
El papá del pelo blanco come lo que parece una parrillada de pescado. Su plato está lleno, el de ella apenas tiene una pijota y algo más que no llego a ver. El bebé se ha dormido.
La pelea gestual entre el tipo del chandal y la rubia ha aminado algo. No mucho, parece.
Vuelve la gorda. Tiene cara de que le espera una siesta tempestuosa, aunque no sé, no sé. Me parece que su ligue, con un puro en la mano no es la mejor imagen de la tempestad. Se marchan.
Definitivamente la rubia de los ademanes violentos se ha calmado. El tipo del chandal está inclinado sobre ella. Dos gaviotas a su alrededor ni se inmutan.
La pareja del bebé se levantan, arropan al bebé y se van. Tienen aspecto de irt a pasear, no parece que vaya a haber tempestad alguna no vaya a ser que el niño se despierte.
Las gaviotas levantan el vuelo. La pareja, ella rubia, él en chandal se levantan. Ella se quita el short y el top y se mete en el agua. Él, que definitivamente creo que es del lugar, no hace gesto de seguirla. Ella sale del agua, él le alcanza la toalla y aprovecha para achucharla. Me parece que otra siesta amenaza tempestad.
Pues eso.


encontrada dijo
Vaya descripciones. Todo como de guión, muy bien; aunque lo que más me ha gustado es lo de deducir las cosas (la edad del hombre o del bebé, ser o no un ligue...). Prueba a hacerte adivino, o colaborador de un detective de éxito, cual Watson.
Un abrazo
30 Octubre 2008 | 11:41 PM