LLUEVE.
Llueve. Me gusta la lluvia. Seguro que es a causa de las restricciones. Cuando yo era un crío aquello de las restricciones era muy común. Consistían, las restricciones, en que no había agua en el grifo durante unas horas al día. Tampoco había electricidad durante el día.
Como la cocina funcionaba con carbón no importaba. Tampoco importaba que la radio no funcionara, yo tenía una de galena, además para oir canciones estaba el patio de mi casa que era como una radio con varias emisoras sonando a la vez; mi vecina Juanita cantaba una cosa y Alejandra, la de enfrente, otra. En cuanto a la lavadora, la señora Pura, que lavaba a domicilio, sólo venía a casa los martes, ese día sí había agua todo el día.
No teníamos telefonillo, no hacía falta, el cartero usaba un silbato para que se le prestara atención y luego voceaba el nombre de los destinatarios de las cartas que traía y que debían bajar a por ellas. Así todos los vecinos sabíamos cuando uno u otro habían recibido noticias de alguien.
Los portales sólo se cerraban por la noche, y lo hacía Manolo, el sereno. Durante el día siempre ean abiertos. Cuando un portal tenía una de las hojas cerradas significaba que había un fallecido en el edificio.
Empecé hablando de la lluvia y me he perdido. Estaba pensando qué sería ahora, hoy, de nosotros, si existieran restricciones de agua y de electricidad. Nos hemos acostumbrado a depender de tantas cosas que creo que somos más débiles ahora que hace años.
Pues eso.




encontrada dijo
Me ha encantado este post. Que bien se tenía que vivir así. Y a veces qué mal. O yo que sé. Que me ha gustado imaginarlo, ea. Un abrazo
23 Octubre 2008 | 01:37 AM