Ella estaba a mi lado y entonces se inclinó sobre mí. Podía ver muy cerca sus enormes ojos verdes y su elegante cuello. Sentí el calor de su cuerpo muy cerca de mí. Se acercó un poco más y yo cerré los ojos.

En un susurro dijo: abra más, esto le va doler un poco. Entonces empezó el suplicio del torno en mi colmillo.

En fin.