Ella estaba a mi lado y entonces se inclinó sobre mí. Podía ver muy cerca sus enormes ojos verdes y su elegante cuello. Sentí el calor de su cuerpo muy cerca de mí. Se acercó un poco más y yo cerré los ojos.
En un susurro dijo: abra más, esto le va doler un poco. Entonces empezó el suplicio del torno en mi colmillo.
En fin.

jajaja, yo tenía una ortodoncista que me tenía loco, cada vez que iba, a la vez que urgaba en mi boca apretaba sus pechos contra mi cara y yo... ya no sentía dolor ni pena... qué pena que la echaron, en fin...
Saludos
Hola Escuadra.
No, no es casualidad y sí, leí a Zilay hace ya algunos años. Demasiados, quizá.
Es un guiño a su novela y la mejor forma de definir mi casa y mi mundo virtual.
Me gusta tu post, irónico y directo.
Un abrazo de otra exiliada de LDA.
jaja, genial post con giro inesperado. Saludos