Ya sabes, me refiero a esa sensación que sientes en la espalda cuando crees que alguien te mira, era cierto en esta ocasión. Me volví y ella me estaba mirando fijamente. No la hice caso y seguí a lo mío, pero de nuevo la misma sensación me recorrió la espalda. De nuevo me dí vuelta y ella seguía allí con sus hermoso ojos verdes clavados en mí. Qué hacer, ¿acercarme? ¿ignorarla? Nunca me había pasado algo así.
Finalmente me decidí, me levanté y comencé a acercarme. Entonces la gata se enderezó, dio media vuelta y desapareció.

esa sensación......... un abrazo.
me gusto tu blog
jejeje, buen final, aunque un poco decepcionante porque esperaba una historia pasional en toda regla. Un abrazo
Ahá! Conque un Microrrelato!
Buen intento.
:-)